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La manada

Decía Montesquieu que “una cosa no es justa por el hecho de ser ley, debe ser ley porque es justa”.

Impresionantes las manifestaciones espontáneas en nuestro país como protesta por lo que se ha considerado una sentencia injusta condenando a los cinco miembros de la tristemente célebre “manada” a una pena de nueve años de prisión para cada uno, más unas accesorias que incluyen 5 años de libertad vigilada, indemnización de 50.000 Euros a la víctima, 15 años de alejamiento, pago de las costas judiciales (y pago de 900 euros a uno de ellos por el hurto del teléfono móvil) por un delito de abusos sexuales cometido contra una chica de 18 años de edad.
Y es que la gente entiende que no se trata de un delito de abuso sino de agresión sexual por violación en grupo, con lo que la pena máxima podría haber alcanzado los quince años, lo que unido a otros agravantes aducidos por la fiscalía y las acusaciones particulares, podría haber alcanzado los 22 o incluso 25 los años que las últimos pedían.
Más allá de que algunas asociaciones feministas convocantes puedan o no llevar es sí cierta carga ideológica, es cierto que en esta ocasión las protestas se pueden considerar como espontaneas, sobre todo porque todos preveíamos una condena más larga, y la inmediatez de tales protestas nos hace pensar que ningún partido político puede estar detrás de ellas. En ese sentido, y por ello, hay que alabar la reacción ciudadana y su indignación a la que me uno.
Todos estamos muy seguros de que los hechos juzgados, tal como los conocemos, son tan execrables que merecen un castigo ejemplarizante y mucho mayor. Yo también. Pero quizá debiéramos pararnos a pensar en cuales pueden ser las razones que han llevado a dos jueces a estar de acuerdo en dictar la misma sentencia y a un tercero a considerar incluso que debieran ser absueltos. No es uno, no son dos, son tres los jueces que han creído que los hechos constituyen abuso y no agresión sexual, de acuerdo con la legislación que existe en España ¿Están locos los tres?, ¿no tiene ninguno de ellos conocimiento suficiente de la ley?, ¿realmente son tan malos como queremos hacer creer?
Muy pocos, casi seguro que ninguno de los que protestamos hemos asistido al juicio. Ninguno de nosotros ha analizado exhaustivamente las pruebas existentes durante meses como han hecho los jueces, casi nadie se ha leído la sentencia y, por supuesto, la inmensa mayoría de los que desaprobamos airadamente la sentencia desconocemos casi todo sobre el Código Penal. Estamos en desacuerdo con la sentencia por que no nos cabe la menor duda, a mi tampoco, de que los acusados son unos seres repugnantes que se merecen el mayor de los castigos. Y tenemos razón.
Pero es que vivimos en un estado de derecho y en los estados de derecho el poder judicial es independiente y para dictar sentencias, los jueces no deben tener, ni tienen en cuenta, la opinión de la calle ni la presión mediática, por mucho que nosotros llevemos tanto tiempo siendo bombardeados por esta. Los jueces se pueden equivocar porque son humanos y todos creemos, y yo también, que en esta ocasión han podido errar. Pero la justicia tiene sus procedimientos y sus tiempos; caben los recursos que seguro se van ha presentar y es muy probable que la sentencia sea modificada, así que convendría esperar el resultado final porque las instancias superiores tampoco actuarán ni al clamor de la calle ni al de la prensa, sino de acuerdo con sus propios criterios legales.
¿Nos hemos parado a pensar que quizá la ley pueda ser insuficiente tal como está redactada? Los jueces solo interpretan y no promulgan las leyes, escribirlas es una misión del poder legislativo, o sea, de los políticos -¡Ay madre mía!-. Sí, de los legisladores, de todos ellos, de los que, sin que sirva de precedente, han estado de acuerdo en algo por una vez, de acuerdo en que hay que endurecer la ley, lo que implica el tácito reconocimiento de que está dudosamente redactada. No son los jueces los que redactan las leyes sino quienes las aplican. Así que aun creyendo que se pudieran haber equivocado, yo también, gran parte de la culpa la tendrán los legisladores; sí, los mismos que se están rasgando ahora las vestiduras y, muchos de ellos, los que habitualmente pierden el tiempo en estúpidas y vanas rencillas políticas en lugar de hacer lo que deben, que no es sino legislar adecuadamente.
Creo haberme expresado bien pero, para que no queden dudas, repetiré que alabo el comportamiento de la ciudadanía pero que abomino del de ciertos políticos de este país. Politicastros se dedican ahora a calentar a las masas y a pescar en rio revuelto, atacando a uno de los poderes del estado, a un poder del estado más íntegro que la mayoría de ellos. Algunos hacen afirmaciones extemporáneas con la única finalidad de presentarse como justicieros ante la opinión pública. Sectarios que se oponen a la PPR o Prisión Permanente Revisable, incluso cuando se condena, por ejemplo, -caso bien conocido- a alguien que ha asesinado a sus dos hijos, menores de corta edad, con una sierra mecánica, alguien a quien de no aplicarse dicha PPR solo se le podría haber condenado a los mismos 25 años, con sus correspondientes beneficios penitenciarios, que piden para los miembros de la repugnante “manada”. Son quienes, cuando tratan de derogar la PPR dicen que es que no se puede legislar en caliente ¿Les parecerá frio el actual ambiente de la calle para proponer, ahora sí, cambiar la ley?