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La libertad de expresión mal entendida puede no ser expresión de libertad (1ªParte)

La mayoría de los ciudadanos, entre los que me cuento, somos ignorantes en materia de arte. Muy pocos son quienes pueden distinguir, verbigracia, entre el arte plateresco y el renacentista o entre la pintura abstracta y la surrealista. Solemos conformarnos con distinguir, y no siempre, la diferencia entre una pieza de rock y otra de reguetón y adoramos como si fuesen dioses de la cultura a ídolos populares de la música ligera aunque a veces posean una más que dudosa y limitada calidad artística, o admiramos a deficientes actrices y actores solo por su belleza física. Pero si entramos en el terreno del arte contemporáneo, es cuando ese desconocimiento alcanza su clímax ¿Cuántos han entrado en el museo Guggenheim y han salido con su sensibilidad estética plenamente satisfecha? Cuentan que, en una ocasión, en una sala de exposiciones, un periodista dejó por un momento su cámara con trípode abandonada y enseguida se formó un corro de admiradores que simulaban estar asombrados ante tamaña obra de arte.
Un artista actual, Santiago Sierra, prácticamente desconocido para la mayoría a pesar de ser premio nacional de artes plásticas -que él rechazó- ha aumentado exponencialmente su popularidad, debido al hecho de que una de sus obras fuera torpemente retirada de la exposición ARCO de Madrid. La obra "Presos políticos en la España contemporánea" se compone de una serie de 24 fotografías en las que figuran diferentes personajes con la cara pixelada y entre los cuales son reconocibles varios independentistas catalanes actualmente en prisión preventiva por orden judicial al estar investigados por delitos muy graves. Después de ver la obra, he llegado a pensar que a lo mejor los cuadros que hay en el salón de mi casa -creo que algunos bastante buenos- podrían constituir una obra de arte digna de ser expuesta en lugar más apropiado, y yo sin saberlo. No pienso que la decisión de retirar los cuadros haya sido muy acertada pero me parece que para un ignorante como yo, y creo que como para la mayoría de ustedes, la obra es un bodrio artístico que solo busca la provocación política, porque la provocación es la base del ingenio del señor Sierra. He oído decir a algún supuesto entendido, prepotente -contemporáneo, como diría el maestro Luis del Val-, que el arte es provocación aunque la verdad es que yo nunca he encontrado provocación alguna en las Vírgenes de Murillo, en El Descendimiento de El Greco o en Las Meninas de Velázquez y sospecho que ni cuando Schuman compuso la Toccata en do mayor, ni cuando Johann Strauss escribió sus valses vieneses, buscaban provocar nada ni a nadie.
He buscado en internet las obras de don Santiago y debo decir que, a pesar de todo, algunas me parecen interesantes pero otras no tanto -ya he dicho de entrada que no soy para nada un experto- aunque alguna como la de un video titulado Los Penetrados, en el que unas personas sodomizan a otras en lo que parece ser un lamento sobre el abuso que algunos ejercen sobre los más débiles, me parece simplemente soez -espero que, en nombre de mi libertad de expresión, se me permita opinar así-.
La provocación no tiene que ser de mal gusto y tampoco tiene por qué aceptarse simplemente porque el artista sea, o simule ser, poseedor de una escasa talla moral o aunque, y ahí puede radicar una de las claves de su éxito, a él se le pudiera identificar con la zona más perrofláutica de la izquierda.
¡Libertad de expresión! claman algunos con vehemencia, libertad sin límites porque todo, absolutamente todo lo que diga un autor o autora debe ser aceptado sin la mínima sombra de duda... ¿Seguro?... ¿Qué escenario estaríamos contemplando si, por ejemplo, un artista de diferente ideología expusiese una obra en la que se ensalzase la figura de Pinochet?

No es usual en este blog hacer uso de textos muy extensos para facilitar su lectura y no producir ningún tipo de fatiga al lector, así que dejo para dentro de poco comentar otros dos casos muy significativos: Valtonyc y Cassandra; en unos días.