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Alberto Garzón o la cuadratura del círculo

El pasado 10 de noviembre, la ministra de trabajo, doña Magdalena Valerio, respondió a un requerimiento que le formuló el presidente del comité de empresa de una factoría, tras el ERE presentado por su compañía, solicitando que ésta fuese intervenida: "¿Cómo intervención? No estamos en un régimen comunista".

Ciertamente y para no variar, la señora ministra no estuvo acertada porque, tal como le recordó su interlocutor, el articulo 128.2 de la Constitución permite la intervención de empresas “en casos que lo exigiere el interés general”, algo que no necesariamente tiene que ver con las intervenciones del comunismo que no son otra cosa que una manera de someter a las empresas a su control permanente por el estado.

Le faltó tiempo al coordinador general de Izquierda Unida, ahora vergonzante socio y vasallo de Podemos, Alberto Garzón, para contestar a la miembro del gobierno con el consabido tweet: “Eso podría haberlo dicho una ministra del PP” seguido por otro similar del macho alfa podemita, Pablo Iglesias II: “Cabría oír de los trillizos fachas (Casado-Rivera-Abascal) que intervenir un sector estratégico (…) es comunismo. Pero que lo diga una ministra socialista es preocupante.

Ya sabemos lo que dice el refranero español al respecto: el que se pica ajos come, sentencia que implica que el que responde se siente aludido y tiene algo que ocultar. Tampoco nos puede sorprender ese afán de la izquierda y especialmente de la más extrema, de considerar que todo lo que se desvíe de su pensamiento único forma parte del fascismo. Nada nuevo, una extraña manera de entender la democracia es descalificar con esa abrupta tosquedad a quienes opinan de distinta manera, con lo que ellos solos se desacreditan.

A Iglesias -extraño apellido para un anticlerical- ya nos hemos referido y opinado sobre él en ocasiones anteriores, pero a Garzón nunca lo habíamos citado en estas paginas y por ello ahora le vamos a dedicar algunos comentarios.

Alberto Garzón es un economista que solo tiene en su currículo haber ejercido en la política; pero a sus 33 años lleva escritos diferentes textos y libros, unos en solitario y otros en colaboración. Cabe presuponerle, por tanto, una inteligencia notable aunque a veces parezca empeñado en demostrarnos lo contrario. A pesar de no haber leído ninguna de sus obras -Dios me libre-, tengo la seguridad de que sus teorías económicas no coinciden con las mías porque, al fin y al cabo y por muchas variantes que quiera expresar, no se pueden salir mucho del ideario clásico de Marx y Engels, así que ni me podrían sorprender ni me interesan lo más mínimo. Lo que expresaré a continuación creo que podrá explicar también mi rechazo a leer sus escritos. Tampoco haré como ellos, porque no creo que ni toda la derecha ni toda la izquierda necesariamente hayan de ser extremistas, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que la coalición política liderada por estos dos individuos pertenece a la izquierda más radical y revolucionaria que uno pueda imaginar.

Todos ellos se revisten siempre de populismo que, como estamos hartos de repetir, se basa en la demagogia y en ofrecer soluciones fáciles a problemas difíciles y tratar de decir cosas u ofrecer soluciones que, aunque ellos sepan que no se pueden cumplir, a los ciudadanos les puedan agradar.

Lo que ya les cuesta más, a pesar de tener como antes reconocíamos una inteligencia notable, es explicar lo que es injustificable, explicar el comunismo de una manera que resulte creíble por mucho que se esfuercen, algo que les ha hecho en ocasiones expresarse con frases puramente demagógicas o ininteligibles, más propias de mentes desafortunadas.

Para justificar lo antes dicho, permítanme referir algunas secuencias de una entrevista que en un medio muy afín a su pensamiento le hicieron a don Alberto en abril de 2.017 y saquen sus propias conclusiones. Repetiré frases textuales, a veces quizá un poco largas pero esa es mi costumbre porque entiendo que las cortas son muy factibles de ser sacadas de contexto y, sin embargo, cuando se alargan un poco, son imposibles de descontextualizar y por ello serán mucho más plausibles:

¿Qué significa ser comunista? (…) Es complicado porque el comunismo tiene diferentes acepciones, por decirlo de alguna forma. Para mí sería una forma de resumirlo decir que el comunismo es una suerte de concepción del mundo. Es decir, son como unas gafas a través de las cuales vemos la realidad social y la realidad que nos rodea. Y esas gafas son diferentes que las que suele usar la mayor parte de la población en un momento como este. Son unas gafas que te permiten estar más sensibilizado frente a injusticias estructurales, coyunturales, como pueden ser los desahucios, el desempleo, la opresión sobre la mujer, el destrozo del medio ambiente.

(…) Y, después, es un movimiento político y social, no es simplemente unas gafas, es más que eso. Es un movimiento político y social formado por mucha gente heterogénea que comparte esa sensibilidad y que en la práctica, porque es muy importante establecer la práctica y no solo la teoría, se actúa para transformar la realidad o intentar transformar esa realidad en un mundo más justo.
Hasta aquí, las explicaciones fueron al menos un poco inteligibles, pero sigamos.

Cuando, a pesar de estar en un evidente ambiente de entrevista-masaje amistosa, le preguntaron que por qué cuando el comunismo ha tomado el poder, en algunos ejemplos que todos conocemos, ha actuado de forma opuesta, respondió:
La ideología se transfiere a través de múltiples idiomas ¿no? (…) Sigue siendo una bandera, una suerte de esperanza, una suerte de, en última instancia de motor de la acción y que permite luchar contra las injusticias y ser una herramienta de emancipación. Claro, que también las experiencias históricas nos han demostrado no solo victorias, sino también derrotas y no solo victorias plenas, sino también derrotas dentro de esas victorias. Y efectivamente nosotros tenemos que abordar la experiencia histórica desde un punto de vista crítico. Como si quisiéramos hacer una suerte de pensamiento científico aplicado a la realidad social. Es decir, hay veces que se hacen juegos de prueba y error y entonces tenemos que ser conscientes de que cuando han pasado determinadas cosas en la historia, hay que afrontarlas críticamente. Ver qué ha fallado.
¿A que es genial?

Pero veamos otra frase más antológica:
El término dictadura del proletariado proviene de la antigua Grecia. Democracia significaba el poder del demos. Pero no el demos entendido como el pueblo entero, sino el demos como la fracción más pobre de lo que era la ciudadanía. Y dictadura del proletariado significa eso, significa el control del poder por la mayoría. Que en ese caso es la clase trabajadora, que se entiende que es la mayoría.
Algo así como que la democracia no afecta al "pueblo entero" y es igual a dictadura del proletariado y que cuando no manda el comunismo no hay democracia. Bravo.

Pero sigamos contemplando otras perlas:
… no es solo un debate discursivo, es un debate sobre a qué clase social te estás refiriendo. ¿Cuál es el problema? Que si te diriges a la clase social pueblo, única y exclusivamente, estás dirigiéndote a un conjunto muy heterogéneo donde también puede haber contradicciones, porque existen las contradicciones. Como existen las contradicciones entre la clase trabajadora del norte, de Occidente y la clase trabajadora del sur, que a veces es expoliada por el propio sistema económico del norte, del que se ve beneficiado la clase trabajadora del norte.
Efectivamente, el norte es lo que parece haber perdido. Creo.

Intentaré resumirlo:"Con unas gafas adecuadas, varios idiomas, haciendo juegos de prueba y error, si el demos se proletariza, si el pueblo es heterogéneo y el sistema económico del norte no se beneficia del norte, todos viviremos en un mundo feliz, satisfechos y contentos en una Arcadia maravillosa bajo un sistema leninista". Clarísimo, ¿quién puede dar más?
Por supuesto que sin el menor ánimo de ofender sentimiento religioso alguno, me tomaré, por una vez, la licencia de terminar con dos notas de humor, dos chistes muy similares, el primero de ellos del genial y tristemente desaparecido Eugenio, referido a lo que Jesucristo dijo a los Apóstoles:
"Saben aquel que diu":... Jesucristo dijo a los apóstoles: Hoy me veis, mañana no me veréis, pero me volveréis a ver, y al oirle, Pedro le contestó: Maestro, cada día te quiero más por lo bien que te explicas.
De autor desconocido, la segunda ocurrencia está referida a la misma frase de Jesús, tras la que Judas acaba volviéndose y diciendo: ¡A que es para matarlo!

Pues eso.