“Si vis pacen para bellum” es una frase que se suele atribuir por error a Julio Cesar. El enunciado era originalmente algo diferente y un poco más largo que lo que ha trascendido a través de la Historia aunque el significado es el mismo. Traducida al castellano significa “Si quieres la paz prepárate para la guerra” y pertenece a la obra  “Epitoma rei militaris” (Compendio de procedimientos militares) que el escritor Flavio Vegecio dedicó a su Emperador en fecha no bien definida pero próxima a la división del Imperio romano, unos cuatro siglos después de la muerte de Julio Cesar.

La frase ha sido muy contestada y discutida puesto que en si misma justifica la existencia de los ejércitos. La sempiterna discrepancia entre el pacifismo y quienes defienden la legitimidad de los estados para hacer uso de la fuerza en determinados momentos, conduce a los primeros a abominar del pensamiento de Vegecio mientras los segundos lo consideran acertado. Ya tuvimos ocasión de tratar en cierta medida este tema en el artículo de este blog de fecha 31 de octubre pasado.

https://elseptimojinete.com/de-lo-militar-y-del-militarismo/

post en el que ya expresábamos que todos, los cerca de 200 países que formamos parte de la Organización de Naciones Unidas tienen previsto, de uno u otro modo,  el uso de la fuerza para la defensa de sus intereses e integridad territorial independientemente de cual sea su sistema político, por lo que bien podría pensarse que la mayoría de la humanidad es consciente de que el escritor tenia algo de razón cuando escribió su obra. Pero no se trata ahora de entrar en tales discusiones.

Lo que sí es reseñable es que España se ha caracterizado siempre por la precariedad de medios dedicados a su Defensa. A pesar de la gloria y enorme potencial bélico pleno de victorias de nuestros Tercios herencia de Gonzalo Fernández de Córdoba, los Tercios de Alejandro Farnesio, de don Juan de Austria o del Duque de Alba, ya entonces se produjeron numerosos motines por las demoras en el abono de las soldadas. Desde entonces la historia de nuestros ejércitos ha estado plagada de actos de valor y heroísmo porque, eso sí, de dídimos andamos sobrados, pero sus victorias han sido escasas debido siempre a la misma razón. Las tropas napoleónicas fueron expulsadas fundamentalmente por la sublevación de un pueblo orgulloso que supo levantarse en armas contra el invasor, porque el Ejército practicamente no existía y empezó estando en manos de los llamados afrancesados. La guerra de Cuba y la defensa de Filipinas estuvieron siempre condenadas al fracaso y el desastre del 98 hubiera llegado antes o después aunque no hubiéramos sido, de modo traicionero y cruel, atacados por unos Estados Unidos que así nos agradecieron haberles ayudado a lograr la independencia y que ya comenzaban su expansión como potencia mundial. Con el episodio del Maine o sin él, todo allí se hubiera perdido. A pesar de su profesionalidad y heroísmo, nuestras Fuerzas no contaron nunca con los medios necesarios ni adecuados para cumplir su misión y nuestros viejos veleros de madera acabaron  teniendo que enfrentarse a los modernos acorazados norteamericanos. Tragedias como la del Barranco del Lobo, desastres como los de Monte Arruit o Annual, precedidos por la semana trágica de Barcelona en la que las familias, -precisamente lo sufrieron las más pobres-, se alzaron en rebelión  contra la movilización y envío de sus hijos al matadero africano, fueron calamidades que tuvieron mucho que ver con las deficiencias ocasionadas por la falta de recursos.

En el Barranco del Lobo
hay una fuente que mana
sangre de los españoles
que murieron por España.
Pobrecitas madres, cuanto llorarán
al ver a sus hijos que a la guerra van
(Cancionero popular)

Aunque sea en otro orden de cosas y sin pretensión de entrar en el tema guerracivilista, tampoco deja de ser significativa y expresión del mismo mal, la pobreza de medios de ambos bandos de nuestra desgraciada y fratricida guerra de 1.936-39, carencias  que posteriormente cada uno de ellos se sintió  obligado a resolver a base del apoyo exterior que cada cual conseguiría con mayor o menor éxito.

No es cuestión de extenderse en ejemplos de este tipo pero lo cierto es que en la época actual España es uno de los países europeos y de la OTAN que menos porcentaje de su PIB dedica al Ministerio de Defensa. Y es que la vida sigue igual. El Ejército de nuestra España está solo dotado, y no demasiado bien, para atender a las misiones de paz que se le encomiendan a causa de nuestros compromisos internacionales, pero sus capacidades operativas están muy mermadas y solo parecemos confiar en el apoyo de nuestros aliados y en la multilateralidad a que nos acogemos para atender nuestras necesidades defensivas.

Un ejército tiene que estar diseñado para combatir. En el primer mundo al que pertenecemos, en los países occidentales gobernados por un sistema democrático liberal, se confía en las capacidades disuasivas y, siguiendo lo que dijera Flavio Vegelio, se trata de estar preparados para cualquier contingencia pero dentro de unas alianzas multinacionales que nos permitirán reducir fuerzas. Se trata de defender la paz más que de hacer la guerra. Si algo se hace mal, será siempre por errores de los gobiernos, ya que  las Fuerzas Armadas se limitan a cumplir las órdenes que reciban del mando político. Pero las Unidades tienen que estar preparadas y listas para combatir. Sin rubor. Cualquier otra idea solo está condenada al fracaso. Los Ejércitos, repito, tienen que estar diseñados para hacer la guerra, guste más o guste menos, y eso es lo que se sigue obviando en nuestro país y también en otros.

En España se organizó, no hace muchos años, la UME o Unidad Militar de Emergencias, un ente magnífico, un órgano que desarrolla una excelente y eficientísima labor en la gestión de catástrofes naturales, magníficamente dotada de todo tipo de medios y que contribuye en gran medida a que el prestigio de nuestras Fuerzas Armadas haya alcanzado las mayores cotas de nuestra Historia. Sí, podemos estar muy orgullosos de nuestra UME. Pero esta Unidad, que consta de casi 3.600 efectivos, está mucho más cerca de ser una meritoria Unidad de Protección Civil que un elemento especifico de lo que deben ser nuestros Ejércitos. Los muchos y excelentes medios con que cuenta, son, en su mayor parte al menos, sufragados con  cargo a los presupuestos del Ministerio de Defensa, ese Ministerio al que tantos piden reducir los fondos por considerar que solo sirven para desestabilizar la paz. Y los más de 3.500 efectivos de la UME han sido detraídos de las ya escasas plantillas del Ejército en lugar de incrementarlas en ese número. El resultado es que tenemos una muy meritoria UME pero a costa de seguir reduciendo las capacidades militares.

Sí, seguimos cometiendo los mismos errores que venimos arrastrando desde hace siglos. A nuestros gobiernos, a ninguno de los que hemos sufrido, les importa lo más mínimo disponer de unos ejércitos bien preparados y solo tienen interés en utilizarlos como si de una Organización No Gubernamental más se tratara y lo cierto es que si como Fuerzas Armadas están mal dotadas, como ONG resultan carísimas.

Pero esa es la mentalidad que viene de lejos prevaleciendo en nuestros gobernantes y por eso es por lo que al actual Gobierno en funciones se le ha ocurrido la brillante idea de enviar al Patrullero de Altura “Audaz” para traer a quince inmigrantes desde Italia. Este buque contiene unos de esos sistemas de armas altamente sofisticados y tecnológicamente muy desarrollados que siempre deben tener un empleo muy restringido sobre todo por su elevado coste. El Audaz es un navío de última generación fuertemente artillado, dotado de tecnología punta y uno de los que han salido recientemente de nuestros excelentes astilleros de Navantia.

Existían otros muchos medios  más adecuados y menos caros para trasladar a los inmigrantes, pero lo que el actual gobierno hace no es más que lo que el dicho popular  conoce como "disparar con pólvora del Rey” o es que, como dijera -o dixit- doña Carmen Calvo, el dinero público no es de nadie. Utilizar el Audaz en un caso como este, no solo es una irresponsable y frívola decisión de quien bien podría haber enviado al, también militar, avión Falcon a recogerlos porque al menos hubiera sido más rápido y resultado algo más barato. A no ser, claro, que lo necesitase para asistir a algún otro acto privado.

Enviar a una patrullera, altamente cualificada para defender nuestras costas a una misión como la encomendada,  no es tan solo una insensatez fútil y pueril más de este gobierno, es también otra muestra de la falta de respeto y consideración que tienen hacia sus Fuerzas Armadas, un ultraje para ellas y un desprecio a todo el pueblo que las mantiene con sus impuestos.

Suma y sigue.