/ Cosas mías

¡¡¡De inmediati, carajo!!!

Dentro de nuestra clase política son muchos los que tienen escasos conocimientos de idiomas aunque hemos de reconocer que ese es un mal que, afortunadamente cada vez menos, aqueja a muchos españoles.

Como en todo tiene que haber excepciones, el diputado de En Comú Podem, Raimundo Viejo, es quien se puede manejar en un numero mayor de lenguas, ocho, seguido por Aitor Esteban del PNV que controla cinco. Pedro Sánchez es capaz de expresarse correctamente en inglés, francés e italiano, mientras Albert Rivera también se desenvuelve con soltura en inglés y francés además de dominar el catalán. En el partido Popular es José Manuel García-Margallo el que con cuatro idiomas encabeza el ranking aunque Pablo Casado solo parece ser capaz de expresarse en castellano, lo mismo que les ocurría a Mariano Rajoy y a José Luis Rodriguez Zapatero.

El 81% de los diputados españoles actuales no habla ningún idioma extranjero y estas carencias provocan en ocasiones esperpénticas situaciones de carácter cómico, porque algunos y algunas son capaces de atreverse a meter la pata en público con cierto descaro y ningún sonrojo. Solo con repasar los vídeos que circulan por YouTube podríamos encontrar bastantes ejemplos, pero citarlos a todos haría excesivamente larga esta entrada.

Uno de los mejores paradigmas de lo que decimos lo protagonizó Ana Botella cuando intentaba exponer, de un modo excesivamente afectado, las magnificas condiciones de Madrid durante la presentación de su candidatura a las Olimpiadas de 2.020:
“Dere is nacin cuait laik a relaxin cap of café con leche in Plaza Mayor of Madrid”
Algo que fue objeto de mofa y befa durante largo tiempo.

Pablo Iglesias ha demostrado en diversas ocasiones que se puede defender en italiano y en inglés, hecho probado porque le hemos podido ver concediendo entrevistas en canales de televisión extranjeros con bastante naturalidad aunque, eso sí, muy deficiente pronunciación. Circula por las redes un hilarante vídeo que muestra su macarrónica fonética en el idioma de Shakespeare, donde textualmente dice:
“A political estraguel for de minin of de guors (…) yu hav tu faiz guiz de guors (…) an noubodi anderstan yu”

A la vista de este último y preclaro modelo lingüístico y a sabiendas de que pasó mucho tiempo en Venezuela instruyendo al régimen chavista, parecería como si el que por entonces fuera ministro y vicepresidente -y esperamos que en un futuro cercano expresidente-, Nicolás Maduro, hubiera sido pupilo de Iglesias en alguna clase de lengua extranjera, pues si Pablo se expresa en inglés con un perfecto acento vallecano (no se puede modificarar eso por mucho que se abandone el barrio para irse a residir a un casoplón en Galapagar), Nicolás lo hace en un pésimo ingles con marcado acento carioca.
Y así le hemos oído amenazar, pocos días atrás, al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica:
“¡Donal Trump, handss offss Venesssuela! ¡¡De inmediati!!”
Y es que no tienen remedio.

Pero la realidad es que la situación en Venezuela, tesitura a la que en sus orígenes no fue, ni sigue siendo ajeno Podemos, es de una gravedad extrema y admite pocas chanzas. Afortunadamente la esperanza de que el fin del chavismo-bolivarianismo esté cerca de su fin, es cada vez mayor.