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La reunión Sánchez-Torra

Lo que los sabios hacen al principio los tontos lo hacen al final
Warren Buffet

El próximo nueve de julio se producirá el encuentro entre el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez y el de la Generalitat catalana, Quim Torra, reunión que se nos intenta presentar como una más de las que aquel va a celebrar con todos los presidentes de las distintas Comunidades Autónomas, algo falso de toda falsedad como demuestra el hecho de que hasta ahora solo se ha producido una entrevista con el presidente vasco, señor Urkullu, a quien por supuesto y según lo pactado con anterioridad, se le hicieron o prometieron concesiones varias. El resto de reuniones con presidentes autonómicos, por muy habitual y normalizado que sea, solo servirá como relleno a este montaje; pero es de suponer que en tales reuniones se le vayan a plantear a Sánchez numerosos lamentos y reclamaciones por el trato desigual que las últimas van a recibir, ya que las cesiones a nacionalistas varios solo les pueden suponer un importante descenso en sus expectativas de financiación, aunque sus plañidos caerán en saco roto.
Las informaciones de que disponemos sobre los puntos a tratar en la entrevista Sánchez-Torra parecen bastante confusas, pero se ha afirmado que va a ser un diálogo sin cortapisas. La burda escenificación previa consistió en que primero el Ministro de Asuntos Exteriores, señor Borrell, planteara que la postura de su gobierno era de dureza sin concesiones al nacionalismo pero, por otro lado, la también Ministra Meritxell Batet -poli malo, poli bueno- consiguió que ERC y PDCAT votasen a favor de la cúpula de RTVE propuesta por PSOE y Podemos, ofreciéndoles ese diálogo sin límites ni cortapisas que consiguió convencerlos. La señora Batet afirmó, para salir del paso tal vez, que la ley y la Constitución en modo alguno se van ver vulnerados y que el derecho de autodeterminación nunca va a ser contemplado, pero algo se habrá tejido entre bambalinas cuando a los diputados independentistas del Parlamento de España se les ha visto aceptar esos términos con mayúscula satisfacción.
O están itentando engañarcos a nosotros como es habitual, o están tratando de engañar a Torra y sus secuaces. Que la opinión pública es, por desgracia, maleable lo sabemos, pero que los indepes se hayan vuelto cándidos de repente, es más que improbable.

El jeroglífico y el laberinto están garantizados. Los puntos que según cabe deducir está dispuesto a tratar el dúo Sánchez-Batet con el xenófobo Torra son:

  1. Revisión del estatuto de autonomía y reconsideración de aquellos artículos anulados por el Tribunal Constitucional.
    ¿Cómo? ¿despreciando la ley y al Tribunal?¿modificando la ley por medio de un decretazo?
  2. La situación procesal de los imputados por el procés.
    Pero no podrían de ningún modo saltarse las decisiones de los jueces.
  3. Hablar sobre el pretendido referéndum.
    Claro que aceptarlo sería imposible por su absoluta ilegalidad.
  4. Considerar una mayor financiación y más competencias autonómicas.
    Algo totalmente insuficiente para los de la barretina catalanista.

Si es que de verdad se quieren respetar las leyes, todos estos puntos son inviables ¿Qué son las leyes y la Constitución sino límites y cortapisas? Y para dejar más en ridículo a este desnortado gobierno, e incluso a los diputados independentistas, el para nada molt honorable Quim Torra ha contestado con total desfachatez diciendo que solo considera tratar el tema de pactar el referéndum, lo que unido a la aprobación por el Parlament de una moción, otra más, para la desconexión con España, enésima prueba de falta de deseo de llegar a ningún acuerdo, ha provocado que al PSOE no le quedara otro remedio que presentar recurso ante el TC, a buen seguro que con sumo pesar.
¿Puede haber situación más esperpéntica? ¿Puede esperarse algo positivo de la reunión del día nueve?

El suflé catalán algún día tendrá que cesar, alguna vez habrán de convencerse de que están en un callejón sin salida y, aunque solo sea por agotamiento, antes o después cesarán de mantener una actitud que no les puede llevar a ningún sitio. Lo saben perfectamente.
Pero intentarán por todos los medios llegar a esa situación habiendo logrado los mayores réditos posibles. La cuestión que nos debe preocupar a nosotros es cómo se alcanza ese final. Si todos los partidos supuestamente constitucionalistas fueran capaces de unirse en una firme oposición a estos descerebrados, si se les despojase de la posibilidad de adoctrinar en los colegios, si no dispusiesen de una TV3, su mayor máquina propagandística pagada por el separatismo, si se les privase de controlar su corrupta economía financiada por todos los españoles, si se les aplicase un artículo 155 serio -que vuelve a parecer cada día más necesario- durante todo el tiempo que fuere preciso, los habríamos derrotado; pero lo más probable, con los parámetros en que nos movemos es que, cuando lleguen a ese agotamiento, hayan logrado una serie de ventajas, vergonzosas para el estado, y a partir de ahí se tomen una vez más un tramposo periodo de tiempo más o menos largo para destensar algo la situación, para que volvamos a confiarnos y a la vuelta de algunos años volver a la carga, porque siempre volverán a encontrarse con un nuevo gobierno progresista y dialogante del que poder sacar ventajas. Y algunos lerdos dirán que ha sido un éxito y que se ha logrado gracias a una política dialogante que ha conseguido un mejor encaje de los independentistas en el estado.
El independentismo nunca retrocede, siempre avanza y lo hace por etapas. Los nacionalistas han declarado una larga guerra al estado en la que, al final y ganando pequeñas batallas, piensan obtener en un futuro ni definido ni definible, su victoria total. Es lo que lleva ocurriendo desde hace más de un siglo pero nunca aprendemos porque la estulticia domina gran parte de nuestra política.

De momento esperemos a ver cuales son los resultados de tan comentado meeting. Sin grandes esperanzas, claro.