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El Xabi-hondo

El FC Barcelona es un gran club de fútbol con seguidores y admiradores a lo largo y ancho de todo el mundo, al que respetamos y al que no vamos a negar ninguno de sus muchos merecimientos deportivos. Pero eso no le legitima -más bien todo lo contrario- para tomar partido en ningún asunto político ya que eso no es sino una manera de faltar al respeto a sus muchos simpatizantes a quienes desde aquí ponderamos, a quienes se debe y a quienes solo les debería mover la pasión futbolística, entre los que habrá gentes de todo el orbe y de todo tipo de ideologías; a la mayoría no les importará absolutamente nada -incluso muchos serán contrarios- el independentismo o lo que los directivos de turno puedan pensar.
Una de las consecuencias de tal desmán es haber criado, a su imagen y semejanza, histriónicos y disparatados personajes, no solo entre sus directivos, sino también entre algunos de sus jugadores y técnicos, figuras deportivas cuyas opiniones políticas son absolutamente irrelevantes y cuya sapiencia al respecto alcanza el nivel cero, pero cuya notoriedad pública hace que sus comentarios lleguen a mucha gente. Entre estos, algunos de los que más han dado que hablar han sido Pep Guardiola y más recientemente Xabi Hernández. El primero parece más inteligente y por lo tanto más dañino, pero quizás hablemos de él y de Gerard Piqué en otra ocasión.
Hernández -no sé hasta qué punto le molesta, ahora, su apellido- fue quien gritó con emoción ¡Viva España! en la celebración tras ganar el mundial de Sudáfrica y uno de los que lució con orgullo nuestra bandera a modo de capa para promocionar aquella selección española de fútbol -las hemerotecas suelen ser crueles- pero ahora, a golpe de 10 milloncejos anuales de nada, se dedica a promocionar no solo el balompié en Catar sino al propio país catarí. Hasta aquí podemos entenderlo más o menos, pero el lacito amarillo, la monserga sobre los delincuentes a los que considera presos políticos y lo del estado opresor, ya resultan demasiado cansinos y solo es una muestra más de cómo algunos pueden tener el cerebro ubicado en los pies por muy futbolísticamente brillantes que estos puedan ser.
Pero la sorpresa, lo peor de todo, lo inaudito, es que cuando alguien le recordó que el estado que le paga y le hace vestir con ghutrah y chilaba para utilizarle como señuelo propagandístico es uno de los que más discrimina a las mujeres y a los homosexuales, que allí no han visto la democracia ni en las películas, que no existen libertades de ningún tipo y que ese sí que es un estado opresor, solo se le ocurrió contestar que sí, que bueno, pero que allí la gente es feliz…
¡Què collons té el noi! Y es que, o la estulticia de algunos no tiene límites o es que la pela es la pela y a algunos se la ídem.