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Cuesta subir pero deslizarse cuesta abajo es fácil

Una de las características que definen a una democracia liberal es que todas las decisiones legislativas deben pasar primero el tamiz parlamentario. Un país en el que el gobierno legisle lo que a él, o como mucho solo a sus afectos agrade, es una dictadura.

Gobernar por Real Decreto en España es un procedimiento que está previsto en el articulo 86 de la Constitución pero para utilizar en muy pocas ocasiones y para casos excepcionales que sean de urgente necesidad, sin que pueda afectar a derechos, deberes ni libertades.

Sin embargo, este procedimiento se ha utilizado demasiadas veces por todos los gobiernos desde que entró en vigor la Constitución de 1.978. Felipe González lo utilizó en 130 ocasiones durante los 14 años que gobernó y Mariano Rajoy lo hizo en 76 veces, un promedio bastante mayor puesto que solo estuvo algo más de 4 años al frente del ejecutivo, mientras que José María Aznar lo empleó 65 veces en sus 8 años de gobierno.

Pero el campeón de campeones -cómo no- se llama Pedro Sánchez quien, como bien sabemos, lleva diez meses presidiendo un gobierno en sangrante minoría absoluta lo que no le ha impedido gobernar con total desahogo. En los diez primeros Consejos de Ministros ya había aprobado más Reales Decretos que Rodríguez Zapatero en el total de las dos legislaturas en que gobernó; en nueve meses Sánchez alcanzó los 32 Reales Decretos, lo que supondría un promedio de 176 en cada legislatura completa que gobernase.

Y no queda ahí la cosa porque si el Real Decreto debería haber sido bastante menos utilizado de lo que todos los gobiernos han hecho durante sus legislaturas, mucho menos lo debiera ser cuando se han convocado elecciones y disuelto las Cámaras -que según lo previsto en un plazo de 30 días deben ratificar o no estas decisiones-.

Pero, como siempre dispuesto a batir todos los registros, y no contento con que durante este último periodo Sánchez haya logrado que el 97% de las leyes aprobadas lo fueran por decreto, desde que se convocaron las próximas elecciones para el 28 de abril, las ocasiones han sido incontables; siento no haber podido averiguar el número total de ellas pero con el sistema de los “Viernes Sociales" o "viernes al show", todo lo que ha hecho el Consejo de Ministros ha sido aprobar leyes mediante Reales Decretos para los que, si siempre hace falta solo una exigua mayoría parlamentaria, mucho más fáciles resultan de ser avalados cuando solo está activa la Diputación Permanente de un Parlamento disuelto y, por descontado que sin debate alguno. Podemos decir, por tanto, que Pedro Sánchez en la práctica solo ha gobernado por medio del Decreto. Y eso resulta muy preocupante para la salud democrática de nuestro país porque si los anteriores gobernantes habían utilizado el sistema en exceso, el más que dudoso doctor que nos rige lo ha hecho con abuso, premeditación y alevosía. Y más aun cuando lo que busca es obtener réditos electorales vendiendo duros a cuatro pesetas.

Espero que Bob Marley no tuviese razón cuando dijo aquello de que la democracia no es más que una dictadura elegida por el pueblo. Claro que, por el momento, nadie ha elegido a este Gobierno en las urnas.

Excuso decir, porque es fácil de imaginar, que fueron numerosísimas las ocasiones en que este desenvuelto presidente llegó a criticar a su predecesor por hacer lo mismo, algo que entonces consideraba actuaciones desvergonzadas. Será que como dijera Carmen de Cabra, entonces no era Presidente del Gobierno y, claro, no es igual.
Cuando ha aumentado el número de ERES, cuando siguen llegando más y más avisos de unas posibles recesión y desaceleración, cuando la UE nos quiere aconsejar y el FMI nos acaba de advertir seriamente sobre el peligro que tienen las veleidades en economía, el sanchismo sigue negando la mayor y repartiendo lo que no tiene a manos llenas: que me voten y luego ya veremos como salimos del embrollo, o que el que venga detrás arree.

Ciertamente Sánchez parece cada vez más empeñado en demostrar que lo legal no siempre parezca legítimo. Instrumentalizar las instituciones del estado en beneficio propio, el clientelismo contumaz y el abuso, son más propios de las dictaduras que del sistema de democracia liberal que pretendemos tener. Dice el refrán que el comer y el rascar todo es empezar, a lo que podríamos añadir que deslizarse por la pendiente no es muy diferente.

¡Señor Señor!