/ Política

Populismos perniciosos

El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica
Mario Grondona

El movimiento del 15M nació en 2.011 como una verdadera reivindicación popular ante la injusticia social reinante en España, en aquella España que, por cierto, estaba entonces gobernada por el PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero al frente y lo hizo como una verdadera corriente transversal aunque muchos nos temíamos que pronto acabaría capitalizada por las tendencias más próximas a la extrema izquierda como así ocurrió, de modo que, hoy por hoy, Podemos y todos sus flujos afines se jactan de haber estado en sus orígenes lo que ha hecho, por otra parte, que muchos se hayan apartado del movimiento aunque todavía les queden bastantes, demasiados, adeptos.

Fue a partir de entonces, debido en gran parte a los muchos errores de los partidos tradicionales y también a causa de la galopante crisis económica que se cernía sobre todos y no solo en España, cuando el bipartidismo pareció llegar a su fin en nuestro país -aunque tal vez haríamos mal en darlo por finiquitado para siempre- y surgieron con fuerza suficiente dos nuevas corrientes que totalizaron las cuatro que hoy por hoy asumen el mayor protagonismo y que han convertido el parlamento y la política española en una verdadera jaula de grillos y a España en un país muy difícil de gobernar. Si hacemos caso de las encuestas no parece que nadie esté en disposición de ganar ahora unas elecciones con más de 110 diputados en el mejor de los casos. Es decir que hemos italianizado a España, pero con el inconveniente, nada baladí, de que no somos italianos.

Uno de los resultados de toda esta situación es que, a través de extraños pactos y no habiendo ganado ningunas elecciones, podemitas o algunas de sus muchas marcas no tan blancas, estén al frente de no pocos Ayuntamientos y sobre todo de los de las tres mayores ciudades, Madrid, Barcelona y Valencia y otras tan importantes como Zaragoza o Cádiz y, desde luego, con resultados muy poco satisfactorios. Hoy nos conformaremos con hablar solo de consistorios porque el tema da para mucho y a otras actuaciones políticas tendremos ocasión de dedicarles tiempo.

El hecho real es que en estos municipios se están produciendo situaciones muy extrañas a las que, por desgracia, ya nos vamos acostumbrando hasta el punto de considerarlas casi dentro de la normalidad del día a día. Ver a representantes del pueblo con aspecto desaliñado y vulgar forma parte del paisaje, aunque no todos y generalmente no todas sigan la misma pauta, pero la verdad es que, salvo excepciones, estamos regidos por auténticos macarras que no sabemos si serán conscientes de la falta de respeto que, ya solo con eso, muestran hacia la ciudadanía que dicen representar y claro, así nos va. Y peor aun es que esos próceres sean ideológicamente extremistas con aires totalitarios que ni siquiera tratan de ocultar, por lo que la mezcla no puede ser más explosiva.

Como para ejemplo basta un botón, analizaremos solo algunas de las actuaciones del popurrí denominado Zaragoza en Común (ZEC) que gobierna el Ayuntamiento de la quinta ciudad de España:
Su primera decisión fue querer cambiar el nombre del pabellón deportivo "Príncipe Felipe" por razones antimonárquicas obvias y hacerlo por decisión personal del alcalde, sí, el de la gomina, el señor Santiesteve, el de los viajes lúdico-laborales y vacacionales a costa del erario de los zaragozanos, en contra del criterio de la mayoría de la corporación municipal.
Pretendieron hacer que la catedral de la ciudad -la Seo- y las iglesias de la Magdalena, Santiago el Mayor y San Juan de los Panetes, pasaran a ser propiedad municipal para transformarlos en centros de no-sé-qué gaitas culturales, por supuesto también en contra de la opinión de la mayoría.
Se echaron a todos los representantes de los demás partidos de las sociedades municipales, quedándose ellos con todos los puestos, al hacer una interpretación muy particular de la ley de capitalidad.
Todas estas decisiones y otras similares como la de fijar unos coeficientes abusivos en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), fueron recurridas por la oposición, que les ganó no solo estos juicios sino todos los demás presentados, pero que siguen pendientes de los recursos que ellos plantearon, erre que erre, apelaciones que cuentan con muy pocas o ningunas posibilidades de prosperar, pero cuya solución final tendremos que seguir esperando un tiempo, claro.
Añádase que hay algún concejal imputado por supuestas negligencias que no dimite en contra de lo estipulado en su código supuestamente ético, el mismo concejal -y no es el único- que defiende a los Castro, a Chaves y a Maduro y que tuiteó a favor de los “chavales de Alsasua”...., o que Santiesteve haya hecho afirmaciones tan necias como la de que los acuartelamientos militares que existen en la ciudad son un riesgo para la seguridad de los ciudadanos o que se ausentase mientras el desbordamiento del Ebro causaba estragos en su municipio. Todo lo anterior ya es suficiente para ver lo que estos personajes pueden dar de sí, pero para rematar la faena acabamos de saber que en este agosto (octavo mes del año) solo se lleva ejecutado el 16% de los 87 millones de euros presupuestados para inversiones. Y es que eso es lo que se llama gestionar con criterio y pericia económica. No sé lo que harían ustedes, pero si yo tuviese una empresa con un presupuesto tan millonario, no se me ocurriría poner al frente de la misma a un equipo con la capacidad de gestión que estos demuestran a diario para administrar los dineros de sus conciudadanos. Y aunque no fuera millonario tampoco.

El año próximo habra elecciones municipales. Unos comicios que de ningún modo aspirarán a ganar, así que esperemos que no haya quienes otra vez, por sus propios intereses partidistas, les permitan gobernar. Mejor sería que no alcanzasen siquiera suficientes votos para que esa situación pudiera tan solo plantearse.

Entretanto y mientras no logren privarnos de la Basílica del Pilar, de la Seo y de otros templos, podrán ir allí a rezar los creyentes para que la situación no se repita. Y los no creyentes también, por si acaso.