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Malos augurios

Nos aburre y nos disgusta tener que glosar tantas necedades en la política patria, pero son las que dominan el paisaje nacional y aunque preferiríamos hablar en otros términos y comentar acontecimientos más decorosos, tenemos lo que tenemos porque la mesura es lo primero que hace tiempo que se perdió y el radicalismo, la sinrazón, la vacuidad mental y el ínfimo nivel intelectual, se han instalado en nuestros patricios dirigentes hasta el punto de que ya se empiezan a aceptar como normales.

No quisiéramos pecar de pesimistas pero las cosas se están poniendo feas, muy feas, mucho. Con un gobierno en estado de shock e incapacitado para tomar decisiones serias, con un presidente, acorralado mal que le pese, que tiene que responder ante el Senado el día 23 de este mes para intentar explicar lo inexplicable de su tesis doctoral mientras que la ministra de justicia, Dolores Delgado, lo habrá hecho con anterioridad el día 10 ante el Congreso, ambos van a tener muchas dificultades para justificar cosas inconcebibles y difíciles de elucidar. Con dos ministros dimitidos en tres meses en su haber y otros dos en la picota y sujetos con alfileres, mal color tiene la orina del enfermo y aquí no hay Tezanos que nos valga. Añádase a todo ello el pánico instalado en el gobierno por lo que el sinvergüenza ex comisario Villarejo pueda airear en un futuro próximo. Porque cloacas haberlas las ha habido y bien lo sabemos aunque otra cosa es que se puedan destapar salpicando a muchos y no solo del gobierno de turno.

Una moción de censura como la presentada por Sánchez solo se pudo entender y solo hubiera podido ser lícita si, tal como él mismo prometió, hubiera convocado elecciones inmediatamente para que el sufrido y hastiado pueblo pudiera decidir quienes querían que los administrasen en lugar de intentar gobernar con 84 diputados y con el auxilio de lo peor de cada casa. Por muy legal que pueda ser la situación, lo cierto es que nadie los ha elegido y su legitimidad está, como poco, en entredicho, sobre todo después de alinearse con lo más abyecto de la Cámara -tanta vileza como hay allí ya es prueba suficiente del deterioro moral que nos inunda-.

No son muchas las reuniones de las comisiones bilaterales gobierno-generalidad, tan anunciadas a bombo y platillo -que no son una contribución innovadora de este gobierno, como parecería que nos quieren hacer creer, puesto que ya existían con anterioridad- que se han celebrado entre ellos y que solo han servido para constatar desacuerdos y/o, en todo caso, seguir arrojando dinero sobre fauces insaciables no se sabe bien para qué, o quizá sí, que es peor. El mismo día que una de estas comisiones, la “Mixta de Vivienda” se reunía, el aciago Quim Torra, Kim II, le lanzaba un ultimátum inaceptable a Sánchez para que éste diese una respuesta a su demanda de votar en referendum la imposible autodeterminación de Cataluña, en una clara demostración de que, en efecto, las vías de dialogo siguen abiertas, pero abiertas en canal, claro. Y con la amenaza de que de no ser así le retiraría todo apoyo parlamentario; el órdago está echado y máxime cuando el para-nada honorable President, tampoco vive tiempos plácidos en su gobierno con enfrentamientos y una división cada vez más palpable entre independentistas. La astracanada no tiene límites y estos palurdos pueblerinos son capaces de toda estupidez porque sus fanatizados seguidores jalearán todo lo que hagan cuanto mayor sea el radicalismo. Por muchas que sean sus diferencias, la ensoñación independentista siempre les unirá. Lo malo es que la fractura social en Cataluña es cada vez mayor y nadie debiera echar en saco roto los peligros que esto entraña; la solución no puede ser convertirse en supervisador de nubes como dijera Zapatero, un "tranquilos que todo va bien, todo es cuestión de hacer política", creyendo que algún día se puede establecer un diálogo razonable con quienes han hecho de la irracionalidad su norma.

Con unos nacionalistas vascos que tienen siempre extendida la red por lo que pudieran apresar, a quienes les importan un bledo los trances de dificultad españoles y a los que solo les inquietan sus propias cuitas, con unos partidos de extrema izquierda populista e ideología totalitaria y revolucionaria –sí, no se dejen engañar- cuya máxima es que cuanto peor mejor, con unos ideólogos de lo que quede de ETA y otros detritus parlamentarios a los que este PSOE ha dado protagonismo, con todo este panorama tenemos que convivir los sufridos españolitos de bien y de a pie.

Y lo peor es que no parece que unas nuevas elecciones, por muy deseables que sean, pudieran despejar el panorama, porque la presumible distribución de fuerzas consiguiente ni se cree que pueda cambiar mucho el panorama, ni parece satisfacer a ninguno de los contendientes porque en el fondo también todos temen el resultado. Poco probable es que este gobierno se decida a convocarlas pronto, la parálisis continuará marcando la política y los sicarios del mal continuarán obteniendo réditos.

Hubo un tiempo en el que se llegó a proponer una coalición transversal entre las fuerzas constitucionalistas como solución de emergencia hasta salir del atolladero. Si entonces fue imposible ahora se antoja como una solución utópica, pero es que a muchos, que solo miran su ombligo, resolver los problemas de España y los españoles les importa una higa.