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Cospedal, no queda otra que dimitir

María Dolores de Cospedal es una mujer de valía contrastada. Ha sido casi todo lo que se puede llegar a ser en la política excepto presidenta de su partido y, por lo tanto, tampoco ha tenido la opción de ser presidenta del gobierno. Su carrera política ha sido brillante, pero ya no tiene posibilidad alguna de mejorarla, puesto que no fue elegida número uno del PP tras las últimas primarias de su formación que ganó Pablo Casado.

Como diputada y presidenta de la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados aún puede hacer y a buen seguro estará haciendo una labor muy eficaz, pero ese papel ya lo pueden hacer igual de bien otras muchas personas y por lo tanto no resulta, ahora menos que nunca, imprescindible y aunque está en una edad muy adecuada para la labor política, debería pensar en hacer lo que sea mejor para su partido.

A lo reflejado en las cintas que ahora ha tenido a bien mostrarnos un granuja preso llamado Villarejo, no hay que buscarle excusas ni es cuestión de comparar si lo de la ministra Delgado era peor o no -yo también creo que sí al menos hasta la fecha, pero lo de este gobierno es otra degradación que ya hemos tratado con amplitud-. Pero da igual, a las dos las han pillado, señoras, y las dos se tienen que ir. Es lo que tiene la política y los riesgos que se asumen cuando se navega por esas procelosas aguas. Hasta nueve Ministros del Interior contempló el ex comisario, al que todos parecían tener por golfo, pero daba igual porque a todos engañó e hizo creer que “era su golfo” y por tanto no les importaba nada; pocos serán los que ignoren que en ciertos puestos clave se hacen, con razón o sin ella, cosas que no conviene que salgan a la luz pública aunque puedan no ser delito, así que visto lo visto, muchos políticos, jueces, fiscales y vaya usted a saber quién más, pueden quedar retratados de aquí en adelante. Es de suponer que los que ya no están en el cargo sufran menos presiones o quizá ninguna, pero muchos de todos aquellos o aquellas que sigan teniendo ahora mismo responsabilidades, estarán que no les llega la camisa al cuerpo.

A la Dolores de Calatayud una copla la mató de vergüenza y sinsabores y a Dolores de Cospedal las cintas de un sinvergüenza le están sacando los colores.

La señora Cospedal parece amortizada, ni ella necesita de la política ni la política la necesita a ella. Lo mejor que la ex ministra, ex presidenta de Castilla la Mancha, ex Secretaria General del PP y ex de casi todo, puede hacer para no dañar a su partido y a la imagen de su nuevo líder, es marcharse mientras pueda hacerlo con la cabeza aún alta. Otra cosa solo sería demostrar una soberbia de la que no es momento de alardear. Cuanto antes, pero antes de las elecciones andaluzas; es la única manera de acabar de desligar la figura de Casado de un tiempo que no es el suyo, de un pasado de Gürteles y Bárcenas. Con razón o sin ella, váyase señora Cospedal, hágalo por su partido, hágalo por España.