/ Política y religión

¡Caram-ba, la que faltaba!

Hoy parecería que lo que requiere la rabiosa actualidad es que volviéramos a hablar de tesis y de másteres. Como no solo del bodrio del independentismo catalán se puede vivir, ahora la titulación de Carmen Montón y el doctorado de Pedro Sánchez están en todos los medios entre bombas sauditas y corbetas de Navantia, como prueba de lo fácil que resulta criticar cuando uno está en la oposición y lo duro que resulta gobernar. Tras haber hecho suficientes méritos como para no aspirar a ser presidente del club de fans de Pedro Sánchez, parece que yo debería ahora entrar a saco, pero es tan grande el aluvión de informaciones al respecto que, por un lado, entiendo que sería imposible aportar nada nuevo u original y, por otro, quiero hacer lo que él no hace nunca con los demás y, a pesar de lo mucho que apesta el asunto, voy a respetar su presunción de inocencia hasta que todo se aclare bien porque tiempo habrá de volver sobre el tema y sacar consecuencias. Y respecto a la ex ministra Montón un poco más de lo mismo, además de que dado su fugaz e irrelevante paso por la primera línea de la política, casi no merece la pena ni citarla más allá del chascarrillo que circula por las redes sociales, de que este gobierno ha demostrado ser tan igualitario que ya le han dimitido un ministro y una ministra.

Permítaseme pues comentar hoy un hecho mucho más irrelevante pero igual de indignante. Lo que nos faltaba era que la monja dominica contemplativa, Sor Lucía Caram, tal vez insatisfecha por el hecho de que últimamente los medios le dieran menos cancha, haya decidido saltar de nuevo a la palestra y para ello no ha tenido mejor ocurrencia que decir en un tweet:

“Me parece triste e injusto la prisión de Willy Toledo. No me gustaron sus afirmaciones, pero no creo que el ojo por ojo sea la postura evangélica. La cárcel en todo caso para los corruptos, los que dejan morir en el mar a los que huyen de la guerra, a los "mastirosos" y explotadores”.

Es decir, que según el criterio de sor Lucía, ni los pederastas, ni los asesinos, ni los maltratadores, ni por supuesto los que se cagan en Dios y en la Virgen ofendiendo a millones de creyentes -del heroico Willy nos gustaría ver si tiene reaños para insultar al Islam- son merecedores de castigo. Solo unos poquitos, los que ella decida al parecer, pueden ir a prisión. Tampoco es extraña esa postura en una monja, sí, oigan bien, una monja católica, que se permitió dudar de un dogma de la iglesia cual es la virginidad de María. Pero es que, además, con su iletrado descaro pretende ignorar que este indeseable ingresó en prisión por un hecho muy diferente al que ella indica. La realidad es que fue detenido por no haber comparecido dos veces seguidas ante el juez que le había citado, ante el cual fue llevado y, tras prestar declaración, fue dejado en libertad con cargos pendiente de un juicio del que aun tardaremos en conocer el veredicto, porque hasta para este pedazo de cabrón se aplica la presunción de inocencia. Y desde luego tampoco le han debido enseñar a esta hermana la diferencia entre la justicia divina y evangélica, que es capaz de perdonar todos los pecados y la justicia humana del código penal, que no puede sino condenar a los delincuentes. Quizá será que hizo el curso de monja por correspondencia y no le llegaron todos los envíos.

No sé lo que sor Lucía entiende por “contemplativa” pero lo que la orden a la que pertenece propugna en sus propias bases es: Desde la oración, somos predicadoras. Con la oración, somos predicadoras. Desde el silencio, somos predicadoras. Con el silencio, somos predicadoras. Y no se puede decir que paseándose por los estudios de televisión haciendo apología del independentismo catalán entre otras majaderías, esta monja argentina de ideología difusa, profusa, confusa y obtusa predique mucho, ni desde ni con el silencio. Y perteneciendo a la dirección de la empresa de joyería Tous, menos.

Parece lamentable que la Iglesia no pueda o no quiera poner freno, sin más contemplaciones, a tantos desmanes de tan sórdida Sor contemplativa.