Patrimonializar las instituciones del estado

La peor forma de injusticia es la justicia simulada (Platón)

Mucho se ha hablado de las dudas que genera la utilización de la justicia como instrumento político, del uso interesado que a veces  tratan de realizar o  materializan los partidos o sus dirigentes y todo lo que nos ha hecho dudar más de una vez de que la independencia del poder judicial sea todo lo creíble que debiera ser. Y es que también, como dijo don Francisco de Quevedo “menos mal hacen los delincuentes que un mal juez”.

Creo que en España tenemos una justicia cuyo nivel de imparcialidad es homologable al de la mayoría de los países del mundo; pero, como en tantas otras cosas, puede haber excepciones y como ya hemos expresado en este blog en diversas ocasiones, mucha de la culpa la tienen los propios jueces por permitir que se conozca su adscripción a una determinada ideología política y así los podamos dividir entre magistrados conservadores o progresistas, con el aprovechamiento que de esta circunstancia hacen los políticos a la hora de repartir los nombramientos de acuerdo a dicha vinculación.

Pero eso es lo que tenemos, a pesar de lo cual creo que el nivel de independencia del poder judicial es, ya lo hemos dicho, mayor que en la mayoría de los estados. Pero también repetiremos que existen lances  que pueden llegar hasta a producir sonrojo. Verbigracia, podemos recordar que José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se hallaba en plena negociación vergonzante con la banda terrorista ETA -caso Faisán incluido- colocó en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) al  magistrado Luis López Guerra que fue quien consiguió, al decir de muchos expertos, que este TEDH echara por tierra la doctrina Parot, gracias a lo cual la terrorista Inés del Rio y otros compinches pudieron salir de la cárcel para mayor gloria de los pactos del señor Zapatero. Sí, todo casual, por supuesto. Conviene no olvidar que gracias a esta resolución judicial salieron de prisión varios peligrosos delincuentes, algunos tan significados como el llamado violador del ascensor, cuyas siguientes víctimas a buen seguro habrán quedado eternamente agradecidas por tan misericordiosa derogación.

Significativo resulta también que recientemente la Audiencia Nacional concluyera que las valoraciones que hiciera el magistrado José Ricardo De Prada en la sentencia de uno de los casos de la Gürtel “destruyen la necesaria imparcialidad que debe reunir todo miembro de un tribunal de justicia” ya que “dio por sentado el acreditamiento de varios hechos que no eran objeto estricto del enjuiciamiento” (sic). El pleno de la sala apartaría a De Prada del juicio por el caso Bárcenas, pero el daño que se pretendía ya se había ejecutado. Habíamos comentado anteriormente el tema en este blog y también recordamos todos que los comentarios de De Prada, acerca de las supuestas responsabilidades de Mariano Rajoy en un juicio al que solo acudía como testigo, fueron la base y el pretexto que sirvieron para iniciar una moción de censura que llegó a buen término gracias al voto activo o pasivo de la extrema izquierda y el nacionalismo independentista. Todo casualidades, nada más.

Son más los ejemplos que podríamos citar, pero la guinda la puso el pasado seis de noviembre el Presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez Pérez-Castejón cuando hizo unas declaraciones en una emisora de radio jactándose de que él iba a conseguir extraditar a Puigdemont porque, aunque esa sea una misión que corresponde a los jueces y a la Fiscalía ¿de quién depende la Fiscalía? ¿del gobierno verdad?, pues eso (sic), dijo Sánchez. Los fiscales no tardaron en protestar airados, pero la hemorragia de satisfacción que produjo en los independentistas catalanistas y sus abogados fue indescriptible y el daño a nivel internacional puede ser irreparable. Sus posteriores matizaciones, que no rectificaciones, fueron insuficientes y llegaron tarde.

¿Han oído alguna vez decir a alguien que Sánchez es un convencido de que todas las instituciones del estado están a su servicio personal? Seguro que sí, y lo es por ser una verdad incontrovertible y no creo que sea necesario hacer un repaso a la cantidad de extralimitaciones arbitrarias que el sujeto ha cometido. Si alguien echa una ojeada a artículos anteriores en estas páginas entenderá perfectamente a que me refiero. Es público y notorio; abusos, arbitrariedades y mamandurrias a mansalva.

Ahora permítanme que cambie un poco el tema para expresar mi sorpresa mayúscula ante lo ocurrido con algunos miembros del mismo partido primero y finalmente con Sánchez, en los debates que nos ha tocado sufrir en fechas recientes:

·      Con la mirada puesta posiblemente en eventuales futuros pactos con los nacionalistas, Sánchez se permitió afirmar que España podría llegar a transformarse  en un estado plurinacional. Parece desconocer que los únicos estados que han incluido la plurinacionalidad  en sus textos constitucionales son Bolivia y Ecuador, aunque estos países incluyen en tal concepto solo a los indígenas, cuyos rasgos étnicos ya denotan de por sí unas diferencias físicas muy notables; pero ese reconocimiento de nacionalidad se refiere exclusivamente a las personas y no va unido a su pertenencia a ningún territorio en particular. Ciertamente también aparece  en la Constitución rusa pero con el mismo valor del papel mojado. Es decir, que ese concepto que Sánchez plantea para algunas Autonomías, simplemente no existe en ningún otro lugar del planeta Tierra.

·      En uno de los debates preelectorales, el viernes tres de octubre y a instancias de lo anterior, Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo preguntaron a la socialista Adriana Lastra que  cuántas naciones creía que hay en España. Doña Adriana no supo responder y quedó tan noqueada que ya no levantó cabeza durante el resto de la noche. Al día siguiente en otro debate en la cadena de televisión La Sexta, le fue planteada la misma pregunta a otro político socialista cuyo nombre lamento no recordar y por supuesto no volvió a contestar.

·      No parece necesario ser muy inteligente para saber que en el siguiente debate a cinco, el de los líderes de los partidos, a Pedro Sánchez se le iba a plantear la misma cuestión y que, por lo tanto, se podría haber preparado una respuesta al menos coherente. Pues no se equivoquen, el Presidente en funciones adoptó una actitud prepotente y debió pensar que actuar con displicencia ante los aspirantes al título, sin mirar a cámara, con la cabeza baja y haciendo como que leía o escribía algo, que demostrar simplemente despreció ante algunas preguntas, entre ellas la de si podría pactar con independentistas para volver a formar gobierno, le daría buenos resultados. Yo soy el puto amo y no contesto a impertinencias, es lo que debió pensar y usar como argumento

Pues este individuo carente de principios, Sánchez, el actual Presidente en funciones, en un contexto internacional plagado de incertidumbre económica, pudiera ser, a partir del próximo 10 de noviembre, el próximo y manirroto administrador de nuestros bienes y el causante de muchos de nuestros males.

Conviene que todos meditemos un poco.